A los 19 años no tienes que tener la vida resuelta. Tienes que tener algo mejor: hambre.
Pau Cubarsí no se despertó un día siendo el mejor defensa del mundo. Se despertó miles de días eligiendo intentarlo una vez más.
Dejó su casa en un pueblo de Girona siendo un niño para entrar en La Masia. Mientras otros de su edad salían de fiesta, él entrenaba. Mientras otros dormían, él repasaba jugadas. Se perdió cumpleaños, veranos, momentos que no vuelven. No porque alguien lo obligara, sino porque había elegido algo y le estaba dando todo.
Y hoy, con 19 años, levantó la Copa del Mundo con España. Jugó todos los partidos, los 120 minutos de la final contra Argentina, y fue nombrado Mejor Jugador Joven del Mundial. No un veterano. No una leyenda. Un chico de 19 años que hace nada era un desconocido.
Nadie le prometió que iba a funcionar. Esa es la parte que no te cuentan: él tampoco sabía. Sacrificó sin garantías. Trabajó sin aplausos. Y cuando llegó su momento, estaba listo.
Si hoy no sabes qué hacer con tu vida, no pasa nada. Cubarsí a tu edad tampoco tenía nada asegurado. Solo tenía una cosa clara: iba a darlo todo por lo suyo.
Elige algo. Dale todo. El resto llega.
Porque un niño de 19 años acaba de demostrar que la edad no es excusa. Es oportunidad.
