Hace 40 años, los ingleses sintieron que Argentina les robó el Mundial en México 86. Hoy, los nietos de esa generación tienen una revancha pendiente. La Mano de Dios no podrá repetirse jamás, porque ahora hay cientos de cámaras y un VAR.
Pero hablemos claro: en 1986, las heridas de Malvinas seguían abiertas. Para todo un pueblo, aquel partido fue mucho más que fútbol. Y cuando Diego levantó la mano, millones de argentinos sintieron que el universo, por una vez, les devolvía algo. Justicia divina, le dicen. Por algo se llamó la Mano de Dios y no la mano de Diego.
Y por si quedaban dudas, cuatro minutos después llegó el mejor gol de la historia de los mundiales. Como diciendo: "también les ganamos sin ayuda del cielo".
Cuarenta años de "it's coming home"... y sigue sin llegar. Ahora, esta nueva generación de superatletas ingleses tiene la oportunidad de cerrar la polémica de una vez por todas. El problema es que enfrente estará la Albiceleste, campeona del mundo, con la historia, la mística y —quién sabe— Diego mirando desde arriba.
Que ruede el balón. Esta vez con VAR, pero con el mismo destino de siempre. 🇦🇷
Mucha suerte, Argentina. Toda Latinoamérica está de tu lado, porque aquellas islas no se las quitaron solo a los argentinos: se las quitaron a nuestro continente. Por eso, cuando la Albiceleste salte a la cancha, no jugará sola: jugarán 650 millones de hermanos empujando detrás de ella. Las Malvinas fueron, son y serán argentinas... y ojalá que la copa también.
